Cerrando la Brecha de la Riqueza: Una Tercera Vía Justa

por Norman G. Kurland, Michael D. Greaney y Dawn K. Brohawn
Centro para la Justicia Económica y Social, Washington D.C.

Una Perspectiva Diferente de la Globalización Económica

“La tormenta económica que ha estado azotando las economías en todo el globo está intensificando una de las peores — y más desconcertantes — crisis monetarias desde que el sistema de tasas de cambio fijas se derrumbó hace un cuarto de siglo.” Así es como The Wall Street Journal caracterizó la última serie de catástrofes económicas mundiales1. El problema es que nadie parece tener una solución viable. Como el artículo afirma, “Lo que hace que las crisis sean preocupantes es que no hay una solución concreta a la vista — ningún apagafuegos financiero que los gobiernos o las instituciones financieras internacionales puedan estructurar para hacer más lenta su generalización.

Este pesimismo general es intensificado por una creciente concientización de una fuerza mayor que la de cualquier Estado en el mundo, incluso la Unión Europea, que es la fuerza de la globalización económica. Esta es la conclusión del conocido autor William Greider en su libro de 1997, Un Mundo, Listo o No: La Maníaca Lógica del Capitalismo Global (One World, Ready or Not: The Manic Logic of Global Capitalism2) . Greider señala que la globalización económica — dirigida por una élite financiera con el poder para mover billones de dólares casi instantáneamente de un país a otro — es una realidad que no desaparecerá. La habilidad de quienes controlan el dinero y las finanzas para derrocar a Jefes de Estado considerados invulnerables, se evidenció con el derrocamiento del Presidente Suharto de Indonesia.

La subordinación de los líderes políticos mundiales a quienes controlan el dinero fué predecible desde hace por lo menos un siglo cuando uno de los primeros capitalistas financieros, Mayer Anshel Rothschild, ha sido citado por decir: “Déjenme emitir y controlar el dinero de la nación, y no me importa quien escriba las leyes”3.

Pero para la mayor parte de gente la globalización económica significa una creciente brecha entre ricos y pobres, un alejamiento tecnológico de los medios de producción para los trabajadores y el fenómeno de “wage arbitrage”, en el cual las empresas transnacionales y las alianzas estratégicas pueden obligar a los trabajadores en mercados con altos costos salariales a competir con maquinaria que ahorra mano de obra y con trabajadores extranjeros cuyo costo es menor para su contratación. Esta observación, planteada por primera vez por Louis Kelso al final de los cincuentas, ha sido reforzada por muchos escritos del Centro para la Justicia Económica y Social4 , en Un Mundo Listo o No cuyo autor es Greider y en dos libros de Jeff Gates en los que se ha venido popularizando la revolución de los propietarios por medio del crédito de Kelso5.

Aún los Estados Unidos, que en la actualidad parece estar disfrutando de una relativa prosperidad económica en medio de un deslizamiento financiero mundial a la depresión, muestra síntomas similares. Los Estados Unidos tiene una de las brechas más grandes entre “los que tienen” y “los que no tienen”. Las empresas estadounidenses tienen la brecha de sueldos más amplia entre los CEO2* y los trabajadores de la empresa en general y está aumentando más. El bajo desempleo oculta un desplazamiento de los trabajadores por la tecnología y la mano de obra extranjera más barata, de lo que resulta una mayor incertidumbre económica e ingresos inestables por jubilación. Para cubrir los gastos familiares, las madres se ven obligadas a entrar a la fuerza laboral, agregando presiones adicionales al bienestar de las familias.

Esta falta de dirección se refleja en una creciente demanda de que “algo debe hacerse”, pero hay una notoria falta de algo concreto, excepto las inoperantes soluciones del pasado.

¿Existe una “Tercera Vía?”

En contraste con la confusión intelectual prevaleciente en los altos niveles de las discusiones sobre las políticas, en éste trabajo se afirma que ninguna Tercera Vía es una verdadera “Tercera Vía” si:

  • No fortalece económicamente a todos los ciudadanos,
  • Mantiene el poder económico y social, especialmente sobre las tecnologías avanzadas, concentrados en manos de una élite,
  • Mantiene a la mayor parte de la gente en una condición de dependencia servil del Estado o de otra gente,
  • Carece de una teoría coherente y de principios de justicia económica para orientar a quienes formulan las políticas,
  • No tiene un sistema estructurado para cerrar la brecha entre los ricos y pobres dentro del mercado global emergente.
  • Sujeta la seguridad del ingreso a esquemas vulnerables de redistribución de ingresos, en vez de estimular un sistema sustentado por activos que relacionen los ingresos futuros para el consumo con la producción futura de riqueza,
  • Ignora el papel central de “instrumentos sociales” tales como el dinero, el financiamiento de capital y la banca central en la determinación de si el acceso al futuro crecimiento de los bienes de capital y el futuro poder económico continuará monopolizado por la élite de los ricos o si será difundida ampliamente entre todos los individuos y familias.

Lógicamente, una “Tercera Vía Justa” debería ser un sistema de libre mercado que fortalece económicamente a todas las personas y familias por medio de la propiedad directa y efectiva de los medios de producción – el último control en cualquier sociedad contra la corrupción potencial y el abuso de poder.

Un error en que incurren muchos catedráticos y economistas actualmente es equiparar la democracia y la economía de mercado con el modelo capitalista de Wall Street, que es un sistema vertical con una creciente brecha de la riqueza entre los ricos y los pobres. Aún cuando los gobiernos son electos democráticamente, no debe sorprendernos el hecho de que hay una excesiva corrupción en el capitalismo y el socialismo. Lord Acton nos previno hace años sobre la corruptibilidad en los sistemas donde hay concentración del poder.

Teóricos del capitalismo como Milton Friedman no prestan atención a la concentración de la propiedad de la tecnología que desplaza al trabajador. Los teóricos marxistas lo hacen, pero concluyen que el Estado debería tener la propiedad y regular todos los medios de producción. Los Keynesianos ofrecen una débil síntesis entre estos dos modelos de desarrollo basada en la premisa de que la mala distribución de la propiedad es aceptable. La llamada “Tercera Vía” de Clinton y Blair sigue el modelo Keynesiano.

En 1958, Louis O. Kelso fué co-autor de un libro6 con el reconocido académico aristotélico Mortimer J. Adler, que se centraba en una teoría seria de la justicia económica que presentaba una clara visión del impacto de la tecnología en el trabajo humano y cómo las corporaciones financieras modernas han influido en la calidad del trabajo y de este modo en la política y la moral de la sociedad.

La mayor parte de académicos nunca pasaron del título del primer libro de Kelso y Adler, que desafortunadamente fué titulado El Manifiesto Capitalista. Kelso, sin embargo ha ganado fama internacional como el inventor del Plan de Propiedad para los Empleados de las Acciones de la Compañía (Employee Stock Ownership Plan o ESOP), que es uno de los instrumentos que él desarrolló para democratizar el acceso al dinero y al crédito. Sorprendentemente, sin embargo, su penetrante visión y su teoría general han sido trivializados y prácticamente ignorados en el ambiente académico y en la corriente prevaleciente de los medios de comunicación. Un destacado libro de 1999 por Robert Ashford y Rodney Shakespeare sobre el nuevo paradigma económico concebido por Kelso explica porqué los economistas tradicionales tienen dificultad para entender y resolver los problemas que surgen de la globalización económica7.

El análisis revolucionario de Kelso le permitió resolver el enigma económico de cómo la Ley de Say sobre los mercados – rechazada tanto por Marx como por Keynes – puede lograr un crecimiento sostenible y balanceado en la economía global moderna. Concentrándose en los medios por los cuales la gente común podría convertirse en propietaria de los bienes de capital productivos y tener una mayor participación en el proceso económico, Kelso proporcionó al sistema los mecanismos teóricos y prácticos, como el ESOP, para implementar en el mundo una más amplia y generalizada propiedad.

Lecciones de la Primera Revolución Estadounidense

La relación entre una amplia distribución de la propiedad y la democracia política fué evidente para los fundadores de los Estados Unidos de América. Esta creencia se refleja en la Declaración de Derechos de Virginia de 1776, que precedió a la Declaración de Independencia y la Declaración de los Derechos. A partir de los tres derechos fundamentales e inalienables identificados por John Locke, la Declaración de Derechos de Virginia estableció que asegurar “la Vida y la Libertad, con los medios para adquirir y poseer la propiedad”, es el más alto objetivo por el cual es creado todo gobierno justo.

El poder existe en la sociedad, independiente de que existan o no los propietarios. Sin embargo, si aceptamos el señalamiento de Lord Acton de que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe siempre”, nuestra mejor protección contra la corruptibilidad de la concentración del poder es la descentralización del poder, especialmente el poder económico. Si Daniel Webster también está en lo correcto cuando dice: “el poder — natural y necesariamente — nace de la propiedad”, entonces la democratización de la propiedad es esencial para la democratización del poder.

En el mundo económico la propiedad desempeña la misma función de difusión del poder que el voto tiene en la política. Pero hace más. Convierte al votante, económicamente independiente de quienes detentan el poder.

Viendo más allá del Socialismo y el Capitalismo

Tanto el socialismo como el capitalismo concentran el poder económico en los niveles superiores. No es una diferencia importante que en el capitalismo la concentración se dá en manos privadas y en el socialismo, en el Estado. Ambos sistemas son excesivamente materialistas en sus principios básicos y en su visión general. Ambos, en diferentes formas, degradan al trabajador. Ambos sistemas concretan esquemas económicos que ignoran e inhiben el desarrollo intelectual y espiritual.

Las mezclas de los dos sistemas, que en Estados Unidos es la llamada “economía mixta” o los modelos europeos y japonés, se diferencian únicamente en el grado de su injusticia social, corrupción, ineficiencia económica, inseguridad humana y alienación que penetra todos los niveles de las sociedades divididas en clases. Entonces, ¿Cuál sería la verdadera “Tercera Vía” para avanzar hacia una sociedad más libre, más justa y sin clases económicas?

La Omisión Fatal

Todos los modelos convencionales del “sistema de salarios” para el desarrollo incurren en un error fatal. La derecha se mantiene ciega a las barreras institucionales para ampliar el número de propietarios, limitando implícitamente la propiedad de los bienes productivos de capital a una élite mínima. En consecuencia, resulta que la gran mayoría de trabajadores reciben ingresos únicamente de la venta de su fuerza laboral, en abierta competencia con la tecnología avanzada y una creciente fuerza laboral mundial. Lo anterior, en definitiva, reduce al trabajador a un insumo de la producción. Entonces puede ser comprado más barato y forzado al desempleo si los empresarios deciden dirigirse donde el costo de la mano de obra es más bajo o bien sustituir a los trabajadores por máquinas. Las exclusiones de los sistemas de financiamiento convierten a los países subdesarrollados dependientes, en forma permanente, de las inversiones de capital extranjero para mantener funcionando sus economías. Los ciudadanos en el centro y en la izquierda vuelven los ojos al gobierno, no al sistema de mercado, para resolver los problemas ignorados por la derecha.

Históricamente el capitalismo y el socialismo han violado los derechos que tienen los propietarios de los bienes productivos sobre el producto. Todo excedente es tomado de los propietarios y trabajadores productivos y redistribuido entre los que no son propietarios y son improductivos. Esto deja más poder económico en manos del Estado de lo que es saludable para alcanzar una verdadera justicia económica y social para todos.

Más allá del Sistema de Salarios

Todos los sistemas de salarios ignoran uno o más de los llamados “Cuatro Pilares” de la Tercera Vía, cuatro principios esenciales e interdependientes para construir una economía de mercado más justa:

  • Propiedad más amplia de los bienes productivos
  • Poder económico limitado del Estado
  • Restauración de mercados libres y abiertos
  • Restauración de la propiedad privada

Ampliación del sistema de propiedad: La omisión moral de todas las economías actuales

Uno de los problemas más cruciales que Marx estudió en sus teorías económicas fué que la propiedad de los bienes productivos — “el capital” — estaba limitado a muy pocos. Como resultado, ningún sistema de mercado de alta tecnología podría producir un desarrollo sostenible, ya que el sector laboral tendría únicamente su trabajo para vender, en competencia directa con la tecnología sustitutiva de la mano de obra y una creciente población mundial de trabajadores dispuestos a trabajar por salarios menores. Marx tenía razón: el sistema tiene las semillas de su propia destrucción. Desafortunadamente, la solución de Marx a esta incompatibilidad entre el crecimiento tecnológico de la productividad y el mercado, que descansa en los ingresos para el consumo, fué concentrar aún más el control sobre la riqueza productiva y el poder, al establecer obligatoriamente la propiedad del Estado sobre todo el capital productivo. De ahí resultó una enorme concentración de riqueza y poder en las manos de una nueva élite política. El problema real que Marx encaró al confrontar el capitalismo no fué, sin embargo, la propiedad privada de la propiedad productiva, sino la concentración de la propiedad. Si cambiamos el enfoque de Marx, haciendo de cada trabajador un propietario de una creciente porción de la propiedad productora de ingresos, ello nos permitiría — por otra parte — alcanzar la justicia económica para todos, manteniendo al mismo tiempo un mejor crecimiento sostenible dentro de la disciplina de una economía libre basada en el mercado.

Poder Económico Limitado del Estado

Limitar el poder económico del Estado significa esencialmente el objetivo de pasar la propiedad y el control de la producción y la distribución del ingreso del Estado a la Sociedad. Para lograrlo, el poder económico del Estado deberá limitarse únicamente a:

  • Estimular un crecimiento sostenible que mejore la calidad de vida, controlando los abusos en el sector privado;
  • Terminar con los monopolios económicos y los privilegios especiales;
  • Eliminar los obstáculos para una mayor igualdad de oportunidades de ser propietario, especialmente por medio de la reforma en el poder de creación de dinero de la banca central, para posibilitar un acceso mayor al crédito a bajo costo, como forma de ampliar la propiedad y lograr el fortalecimiento económico de los trabajadores;
  • Prevenir la inflación manteniendo la estabilidad monetaria para un desarrollo sostenible;
  • Proteger la propiedad, haciendo cumplir los contratos y resolviendo las disputas;
  • Promover sindicatos democráticos para negociar la propiedad y los derechos de los trabajadores;
  • Proteger el medio ambiente; y
  • Proporcionar redes de seguridad social para las emergencias.

Dentro de estos límites el Estado promovería la justicia económica para todos los ciudadanos. Coincidente con este objetivo, sería el de reducir los conflictos humanos y el desperdicio, estableciendo un ambiente institucional que estimule a aumentar la eficiencia económica y la creación de nueva riqueza para ellos y para el mercado mundial. El aumento en la producción también aumentará los ingresos totales para objetivos legítimos del sector público, reduciendo la necesidad de la redistribución del ingreso por medio de impuestos sobre la renta confiscatorios y las contribuciones del seguro social.

Restauración de los Mercados Libres y Abiertos

Los precios justos, los salarios justos y las utilidades justas son establecidos mejor en un mercado libre, abierto y democrático donde la soberanía del consumidor prevalezca definitivamente. Si suponemos una futura democratización económica en la propiedad de los medios de producción, las preferencias económicas o sea, “los votos” respecto a los precios y salarios inciden en la determinación de los valores económicos en el mercado.

El establecimiento de un mercado libre y abierto se lograría eliminando gradualmente todos los privilegios especiales y los monopolios creados por el Estado, reduciendo todos los subsidios excepto para los miembros más necesitados de la sociedad, eliminando las barreras para el comercio y el trabajo libres, suprimiendo todos los métodos artificiales, no voluntarios de determinación de los precios, salarios y utilidades. Esto resultaría en una descentralización de las preferencias económicas y en el fortalecimiento de cada persona como consumidor, como trabajador y como propietario.

La distribución de la riqueza supone creación de riqueza, y los progresos tecnológicos y los sistemas avanzados — según estudios recientes — son determinantes del 90% del aumento de la productividad en el mundo actual. Así, el crecimiento balanceado en una economía de mercado depende de la distribución de los ingresos por medio de la propiedad individual de los medios de producción. Las fuentes tecnológicas del crecimiento de la producción estarían entonces automáticamente asociados a los ingresos para el consumo basados en la propiedad, necesarios para adquirir nueva riqueza en el mercado. De este modo la Ley de Say de los Mercados — que ambos, Marx y Keynes trataron de refutar — sería una realidad cierta por primera vez desde que comenzó la Revolución Industrial.

Restauración de la Propiedad Privada

Los derechos del propietario sobre la propiedad privada son fundamentales en todo orden económico justo. La propiedad asegura las preferencias individuales y es la protección fundamental de todos los otros derechos humanos. Al destruir la propiedad privada, la justicia es negada. La propiedad privada, al contrario de lo que Marx pensaba, es el vínculo individual con el proceso económico, de la misma manera que el voto secreto es el vínculo o relación con el proceso político. Cuando alguno falta, el individuo está desconectado o “marginado” del proceso.

Dinero y Crédito para Construir una Justa Economía de Mercado

El control sobre el dinero y el crédito (por ejemplo, el capital financiero), determina en buena medida quienes serán los propietarios y los que controlarán el capital productivo en el futuro. Definitivamente, Rothschild tenía razón, como señalamos antes.

Una cuestión esencial en la discusión respecto a la Tercera Vía es si aquellos que crean el dinero y controlan el crédito actualmente, emplearán el dinero y el crédito en forma que excluya a la mayoría de la gente de su participación como propietarios y en las ganancias. O bien, ¿Despertará la gente para demandar la reestructuración de los sistemas monetarios y crediticios actuales, para liberarse de la contínua dominación económica por los pocos que controlan la vieja riqueza tradicional?

Cuando se presenta la cuestión del dinero y su creación, olvidamos algunas veces que el dinero es algo hecho por el hombre, y que es moralmente neutral y si es bueno o malo, depende únicamente de cómo es creado y cómo es empleado. Igual que el voto secreto en política, el dinero es también un “bien social”, una invención de la civilización moderna, un medio para medir los valores económicos y permitir a la gente participar en la economía de mercado.

Y eso es lo esencial del problema. El dinero es creado y el crédito es concedido actualmente de manera que mantiene a los ricos con su riqueza y a los pobres en su lugar. El crédito de consumo, por ejemplo, es accesible prácticamente a cualquiera, mientras que el acceso al crédito de capital (es decir “productivo”) está restringido en su uso a aquellos que pueden cumplir los requisitos acostumbrados de garantía, por ejemplo, los ricos. Entonces, los pobres y la clase media pueden obtener sólo el crédito más arriesgado y más caro, mientras los ricos tienen un crédito de bajo costo y menos arriesgado. Es más que una certeza repetida que se necesita dinero para hacer dinero o que los prestamistas únicamente conceden crédito de capital a quienes no tienen necesidad de prestar.

Concentremos nuestra atención en el trillón de dólares de los Estados Unidos, del crecimiento de los activos de capital de los sectores público y privado de los Estados Unidos, que consiste en nueva tecnología, planta y equipo, infraestructura física y espacios arrendables. Es decir un aumento en el crecimiento de $ 4,000 (dólares estadounidenses), para cada hombre, mujer y niño y éstos activos productivos serán financiados en formas que no aumentan el número de nuevos propietarios. Si el financiamiento, es decir, el crédito de capital llegara a ser universalmente accesible como el voto político, los bienes de capital se convertirían en una fuente creciente de ingresos independientes de capital para todos y para sus familias.

Lo que hace particularmente especial al crédito de capital, es que por su naturaleza genera más riqueza o es “autoliquidable”. Es decir, que el crédito de capital está limitado a la adquisición de activos que se espera se paguen ellos mismos con los ingresos generados por la financiación del proyecto de inversión de capital, y en adelante se espera que ésos activos generen una contínua corriente de ingresos a quien sea el propietario de esos activos. El crédito de capital es por naturaleza anti-inflacionario y el crédito de consumo, por el contrario, no genera su propio pago y es inflacionario y entonces, cualquier pago del crédito debe provenir de otros recursos del usuario. Cuando su utilización es amplia, el crédito de consumo reduce considerablemente el poder adquisitivo del usuario.

Al hacer accesible el crédito de capital sobre una base democrática, la sociedad impulsa a la generalidad hacia la auto-suficiencia e independencia económica. La amplia generalización de la riqueza y el poder, sirve como el control último para evitar el abuso de poder por parte del Estado o de las mayorías contra las minorías o de algunos grupos de ciudadanos en particular. Para ilustrar lo anterior, consideremos que si el crecimiento anual de las necesidades de capital de los Estados Unidos fué financiado por bancos privados por medio de la capacidad de creación de dinero del Sistema de la Reserva Federal, como lo propuso Kelso, un niño que naciera ahora podría retirarse con ingresos en dividendos anuales de $ 30,000 (dólares norteamericanos) y con un patrimonio de $ 200,000 para dejar a su familia, sin costo alguno para los contribuyentes9.

Una Nueva Visión del Futuro: La Transformación del Trabajo Humano

La Tercera Vía Justa es una filosofía moral y un proceso evolutivo para transformar el clima institucional – los sistemas legales, financieros, culturales y morales – y en consecuencia democratizar el poder económico y mejorar la calidad de vida de todos.

En su esfuerzo para “hacer de cada trabajador un propietario”, la Tercera Vía Justa reconoce que por naturaleza toda persona es un trabajador. En el marco conceptual de un sistema de salarios, el “trabajo” ha sido despojado de mucha de su dignidad, limitado únicamente a aquella parte del objetivo humano referido a “ganarse la vida”. Sin embargo, en un sentido más amplio el trabajo implica formas de la actividad humana física, mental y espiritual, desde el trabajo manual hasta la meditación.

La Tercera Vía Justa lucha por liberar a un mayor número de trabajadores de aquel trabajo que puede hacerse por medio de máquinas. Para aquellos que continúen trabajando en la economía de mercado, la Tercera Vía Justa transforma empresa por empresa, desde la práctica de un sistema de salarios lleno de conflictos hasta la cultura más amplia de una propiedad permanente. Esta nueva cultura del trabajo ha sido llamada “Administración Basada en Valores” (Value Based Management – VBM), que refleja los principios de justicia económica de Kelso-Adler10.

Conforme al paradigma de la Tercera Vía Justa, la forma más elevada de trabajo no es el trabajo económico sino el “trabajo de descanso” no remunerado – el trabajo de construir una civilización que ninguna máquina puede hacer. A lo largo de la historia, el trabajo creativo ha sido principalmente acometido por sujetos independientes en sus ingresos, aquellos que fueron apoyados por un patrono o por el trabajo de alguien más. La Tercera Vía Justa proporciona medios por los cuales más gente puede realizar “trabajo de descanso” como una parte importante de sus vidas y ser sostenidos por los ingresos de un capital independiente producido por sus “esclavos tecnológicos”.

En Busca de la Justicia Económica, no una Utopía

La humanidad probablemente nunca alcanzará el sistema económico “perfecto” en el cual toda tarea pesada y monótona sea eliminada y cada quien tenga la libertad de hacer el trabajo que prefiera. Sin embargo, antes de que pase la oportunidad, ha llegado a ser imperativo para todas las economías del mundo continuar creando nuevas tecnologías que mejoren los sistemas de vida para asegurar que la propiedad y su control sea sistemáticamente difundida para su extensión entre todos los individuos y sus familias. La alternativa es un péndulo que se mueve entre capitalismo y socialismo, en el cual cualquier período de estabilidad sólo sirve como preparación para el siguiente cambio violento.

Un enfoque fundamental en todas las reformas de la Tercera Vía respecto a la banca central, la tributación y otras leyes que inciden en la economía, debe ser para la democratización del acceso al crédito productivo. Cómo se puede alcanzar ésta democratización — la calendarización, las prioridades y los procedimientos — son problemas sociales que cada sociedad debe determinar por sí misma.

Por muchos años el mundo capitalista se ha cuidado del socialismo. En este extraño momento de la historia y para proteger a los ciudadanos de la pérdida de soberanía económica en el modelo capitalista de Wall Street para la globalización económica, todas las naciones del mundo tienen la oportunidad de implementar una nueva e incruenta revolución económica para sus ciudadanos, que es consistente con la visión no realizada sobre la propiedad y los ideales de la civilización mundial de los grandes pensadores. En su búsqueda por una vida mejor, los ciudadanos de las economías en desarrollo y en transformación — así como de aquellos que viven en los países desarrollados — necesitan algo mejor que los sistemas anticuados y deshumanizantes del socialismo y capitalismo tradicional. Las naciones tienen ahora el poder de crear nueva propiedad para los pobres, sin quitar la propiedad existente a los ricos. En otras palabras, hay adelante, otro modelo de globalización económica, una verdadera y Justa Tercera Vía.

Norman G. Kurland, abogado y economista, es Presidente del Centro para la Justicia Económica y Social, que es una organización sin ánimo de lucro para la investigación de la educación, que se encuentra en Arlington, Virginia. De 1965 a 1976 juntamente con Louis Kelso y su Consejo de Washington, promovieron una política nacional de ampliación de la propiedad, que generó la aprobación de más de 20 leyes aprobadas por el Congreso. En 1985 fué presidente alterno del Equipo de Estudios del Presidente Reagan en el Proyecto de Justicia Económica que recomendó políticas de reforma para impulsar la democratización económica en América Central y el Caribe. Entre sus logros está el concepto de doble nivel de la tasa de interés y otras realizaciones.

Michael D. Greaney, es Contador Público Certificado y Director de Investigaciones del CJES y administra ESOP para varias compañías norteamericanas propiedad de los empleados.

Dawn K. Brohawn, es Director de Comunicaciones del CJES.

1 As Currency Crisis Spreads, Need of a Cure Grows More Pressing,” The Wall Street Journal, 24 Agosto, 1998.

2 William Greider, One World: Ready or Not: The Manic Logic of Global Capitalism (New York, NY: Simon & Schuster, 1997).

3 Frederick Morton, The Rothschilds, A Family Portrait (New York, NY: Atheneum, 1962).

4 Ver John H. Miller, ed., Curing World Poverty: The New Role of Poverty (St. Louis, MO: Social Justice Review and the Center for Economic and Social Justice, 1994).

5 Jeff Gates, The Ownership Solution, Reading, MA: Addison-Wesley, 1998; and Democracy at Risk, Cambridge, MA: Perseus Publishing, 2000).

6 Louis O. Kelso y Mortimer J. Adler, The Capitalist Manifesto, (New York, NY: Random House, 1958).

7 Robert Ashford y Rodney Shakespeare, Binary Economics: The New Paradigm (Lanham, Md.: University Press of America, 1999).

8 John W. Kendrick, “Productivity Trends and Recent Slowdown: Historical Perspective, Causal Factors, and Policy Options,” Contemporary Economic Problems, 1979, American Enterprise Institute; también R.M. Solow, en K.J. Arrow, S. Karlin y P. Suppes, eds., Mathematical Methods in the Social Sciences, 1959, pp. 89-104, Stanford University Press, 1960. También: Edward Denison, “Accounting for United States Economic Growth: 1929-69,” Washington D.C.: Brookings Institution, 1974, y Accounting for Slower Economic Growth: The United States in the 1970s, Washington D.C.: Brookings Institution, 1979.

9 Ver “Saving Social Security” en http://www.cesj.org, el sitio web del CESJ.

10 Ver Dawn K. Brohawn, “Value-Based Management: A Framework for Equity and Justice in the Workplace”; y Norman G. Kurland, “Economic Justice in the Age of the Robot,” en Curing World Poverty, op. cit.